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miércoles, 21 de octubre de 2009

CLASE OBRERA





CLASE OBRERA

   Alberto Híjar.

 

      Gracias al gobierno, la clase obrera se reorganiza. La marcha monumental del jueves 15 como nunca antes reunió a miles de trabajadores, sus familias, las organizaciones solidarias, los universitarios, politécnicos y una secundaria, los contingentes de Oaxaca, Michoacán, Hidalgo, Morelos, Puebla y hasta el final un discreto contingente con López Obrador, Dante Delgado, Flavio Sosa y una plataforma de trailer nuevecita perfectamente equipada para que El Tata y Jesusa Rodríguez animaran con chistes impertinentes más propios de la bazofia televisual que de una marcha obrera.

     La presencia de los electricistas es fuerte con sus miles de cartulinas escritas a mano, sus mantas, sus camisetas rojas, sus consignas, las coreadas sobre todo por las mujeres indignadas y satisfechas de mentar madres a todo pulmón y en plena calle. Lo menos que dicen es “señora Hinojosa, porque parió esa cosa”.

     Lo cierto es que el asalto gubernamental concretó la clase, desenmascaró la lucha de clases de los llamados a la unidad nacional. De un lado los empresarios, los funcionarios, el PAN y el PRI y del otro, los trabajadores consientes de que el pleito es de clase y va para largo. ¿Qué sigue?, preguntan todos con la sospecha de que a punta de marchas nada más cambiará y de que los diputados y senadores no son de fiar.

     Se ha de pasar de la multitud a la clase, de la sociedad civil a la sociedad política. Para esto, la asamblea general sigue en pie y significa resguardar los edificios sindicales a la par que mantener la organización. Ya se insiste en no cobrar ni firmar renuncia alguna para que el Secretario General insistiera en el desigual diálogo con Gobernación en la derogación del decreto y en el reconocimiento pleno al sindicato. Clase contra clase, el señor Secretario responde no. Pero hasta antes de la gran marcha se negaba a dialogar y el Secretario del Trabajo sólo aparece en comilonas y celebraciones empresariales como manda su jefe máximo envalentonado frente a sus pares desde que simuló informe anual con invitados especiales resguardados por el Estado Mayor y las policías en el bunker de Palacio Nacional.

     Esto exige acrecentar la solidaridad de clase. Las experiencias del 68 reaparecen con los transportes públicos apoyando tanto como los parabrisas de automóviles compañeros. Millones de volantes están en reparticiones y mítines en las estaciones del metro, en las escuelas y es necesario activar espacios públicos y los privados que se presten. Ahora es cuando hay que echar mano de la prensa popular presente a lo largo de la gran marcha. Las brigadas de propaganda tienen que salir a los estados y hacer de cada centro ocupado militarmente un sitio de información tal como ocurre con la calle donde aún está el edificio de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro y con los locales sindicales. Asamblea permanente, campaña de solidaridad y aliento a las reuniones fraternas son recursos que mantienen el puño en alto y consolidan la clase.

     Urgen las definiciones precisas semejantes a las publicadas antes, durante y después del golpe de Estado. Esta es la manera principal de unificar la formación de los grupos en resistencia y de oponer a los rumores y las desinformaciones de los medios, tal como ha sucedido hasta ahora con el Secretario General rechazando los rumores sobre muertos en accidentes de trabajo y sobre conatos de violencia. El grito coreado de “Martín general” tiene un claro sentido de aprobación del dirigente como el único vocero válido del SME en calidad de Secretario General ahora reconocido hasta por su opositor. Es posible intentar la formación de comités ciudadanos que informen de los cientos de movilizaciones y cierres de empresas ante los cortes de energía manejada torpemente por los esquiroles.

     Crece la solidaridad y nadie acepta la intransigencia de la clase enemiga de los trabajadores. El malestar abunda en la ciudadanía y los comentarios sobre las descortesías y defectos en los cobros de la luz, no se confunden con la urgencia de apoyar al más importante reducto de los derechos de los trabajadores. Ya se entiende que el golpe de Estado contra el SME y la CL y FC es en beneficio de quienes han hecho un botín de todas las formas de energía: el petróleo, la electricidad, el gas, el viento, los torrentes acuáticos. Al defender al SME se defiende todo: el ambiente, la biodiversidad, la infraestructura y la industria del servicio público y se confirma que todo debiera quedar bajo control de los trabajadores en vista de la voracidad antipopular de la clase en el poder.

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